Inauguración : Jueves | Junio 25, 2026
Junio 25, 2026 – Julio 123, 2026
Martes a Viernes | 12 – 7PM
Sábados | 2 – 6PM
Exposición | Programa Público | 2026

Vemos videos buscando visualizarlos en 1080p, HD y ojalá 4K, exigiendo una concentración máxima de píxeles que nos eviten la incertidumbre de las zonas borrosas. Hemos automatizado esta acción porque necesitamos movimientos excesivamente fluidos, representaciones especulares a semejanza que pretendan a lo humano, y todo aquello que nos haga olvidar momentáneamente las carencias de nuestro cuerpo. Entramos a aplicaciones de scroll infinito que, alimentadas por nuestro miedo a la imagen imperfecta, aprecian y resaltan lo nítido, poniéndolo como prioridad dentro del algoritmo. Nos sentimos tan profundamente atraídos por la satisfacción que promete la nitidez y la alta definición, que hemos transformado el deseo de ver en una ansia por atravesar la pantalla.
La mirada intermitente, el scroll y el sampling ya no son simples adopciones del cuerpo para ver, ahora son los medios para trascender nuestra condición corpórea. Logramos atravesar la pantalla una vez aceptamos la luz azul como la única fuente lumínica para la absorción y reflexión de todo lo físico, superando la distancia con las superficies planas para entrar a un espacio donde lo mediado y lo vivo ya no se encuentran en oposición. Aquí adentro la presencia es posible por las huellas y las formas de la ausencia: se habita dentro del tiempo en diferido. Las interacciones son movilizadas por el deseo de conexión, bajo la eterna ilusión de sentir tan cerca lo que no podemos tocar. El deseo, la sexualidad, la especulación y todo aquello que hace al cuerpo se vuelve programable y replicable.
El video aparece ahora como una interfaz digital que opera como puente de conectividad entre el cuerpo, la imagen y los dispositivos. Sus imágenes que perduran indefinidamente sin un inicio, un clímax o un final, invocan corporalidades mediadas por presencias performáticas que no distinguen las fronteras entre cuerpo y vídeo: se está tan dentro del video como el video está dentro de uno.
En esta exposición ya no hay marcas temporales que determinan la aparición o desaparición de las obras. El foco de la luz cálida direccionada no le da vida a sus objetos. Quien observa, adopta una nueva condición de navegante para recorrer las obras en fragmentos, clips y momentos. Puede acostarse para especular sobre el tiempo en la instalación de Sebastián Rosero, fijar los ojos a las pantallas celulares para experimentar hiperrealidades mediante el doom scrolling a través de la selección de imágenes de Valentina Cadena y Daniel Ruíz, adentrarse en la oscuridad para desaparecer de la mirada del otro en el Cuarto oscuro de Juan Betancurth, hibridarse en ficciones dentro de escenarios improvisados a través de las especulaciones de Santiago Tamayo, Dayana Matasheva o Camila Arévalo, o dislocar su atención para asumir nuevas formas de conciencia ante presencias transitorias con Camilo Acosta y Álvaro Cabrejo.
Esta muestra nace de un ejercicio de curaduría colectivo realizado por el equipo de Espacio Odeón: Santiago Rodríguez Novoa, Catalina Moreno y Adriana Benítez. Basándonos en una metodología colaborativa y desjerarquizada que suscita la discusión, la reflexión crítica y la pluralidad de perspectivas dentro del equipo de trabajo. Surge de un cruce de intereses, subjetividades envueltas e inquietudes individuales que se colectivizan y expanden en este espacio.